Es el principio de una carrera literaria. Son cuentos que siendo fantásticos no son arbitrarios: Han sido inventados de una manera sincera. Poe dijo que todo cuento debe escribirse en vista de la última línea. No creo que esto sea totalmente cierto, porque no se puede hacer un cuento pensando sólo en el fin. Estos cuentos de Delaney tienen principio, medio y fin: son interesantes desde el principio hasta el final. Esto es bueno. Me parecen sinceramente imaginados, y mejor imaginados que escritos. No fueron escritos por Groussac, pero después de todo es mas importante imaginar que ejecutar, no?. Lo felicito a este chico: tiene el deber de seguir.

Jorge Luis Borges
Revista Gente, Buenos Aires, 19 de septiembre de 1974, pág. 33.


Poder de síntesis y cuidado formal: dos condiciones nada comunes en la literatura, y menos aún en la de los jóvenes. La natural ansiedad de los pocos años hace que éstos, generalmente, se limitan a volcar sentimientos o experiencias en palabras, olvidando que todo mensaje artístico exige artesanía y que el lenguaje tan usado, tan manoseado, tan gastado, exige una especialísima elaboración.

Juan José Delaney, que es muy joven, debe ser una de las excepciones que confirman la regla. Conciencia de la propia nada y conciencia de la propia soledad: estas son las otras dos condiciones -no sé si la palabra «condiciones» es la más adecuada-, que subyacen en la narrativa de Delaney, y afloran incluso cuando sus personajes son personajes que ya han aparecido en la literatura, como Martín Fierro y Don Segundo Sombra; o que le pertenecen a ella como Godot; o que contribuyeron al mito como Alfonsina Storni. Es que también los personajes y los escritores mismos son carne de palabras, y Delaney lo sabe.

Eduardo Gudiño Kieffer
Sociedad Argentina de Escritores. Buenos Aires, abril de 1978.